A propósito del Congreso de Cartagena: Congresos académico-farmacéuticos

Andrés Sarmiento R.

Resumen


Invita a la reflexión profunda la preocupante injerencia que las casas farmacéuticas están teniendo sobre los programas científicos en los eventos académicos organizados dentro de nuestra especialidad. Desde hace muchos años ha existido esa conveniente simbiosis cuerpo médico / laboratorios. Estos últimos se han vinculado a los congresos a través de dos formas: apoyo económico directo favoreciendo la realización del evento o invitando a asistir a personal médico seleccionado, sufragando sus gastos de inscripción, hospedaje y traslados. A cambio, ellos obtienen comercialización de sus productos dentro del congreso, y esperan una contraprestación de sus invitados a través de la formulación de sus productos. Hasta aquí parecería ser una relación perfecta donde por un acuerdo implícito existen beneficios de parte y parte. Sin embargo, esta situación ha cambiado. Desde hace algunos años he advertido cómo los organizadores de eventos y miembros de sociedades' científicas han confundido el papel y la verdadera dimensión de los laboratorios cuando apoyan eventos de éste tipo.

En la organización de un evento científico el éxito o fracaso se medirá en gran parte por el número de asistentes que en últimas representan ingresos. Sin embargo, es una realidad como hoy en día pocos médicos consideran como prioritario dentro de su presupuesto el rubro asistencia congresos. Sin duda el principal motivo es nuestra debilitada economía producto de una inadecuada remuneración laboral. Pero la razón más preocupante a mi manera de ver es el decreciente interés académico, endémico hoy en día en el cuerpo médico. Es el resultado final de una medicina profundamente comercializada donde ya no vemos pacientes sinoclientes. Después de todo nuestro papel como obreros de la salud no nos exige mantenemos vigentes académicamente, pues para la mayor parte del sistema, bajo una óptica puramente financiera no son prioritarios la calidad científica de la atención o la idoneidad profesional. En ese juego caímos hace rato y hoy en día hemos subestimado y trivializado nuestra más importante herramienta de trabajo: los conocimientos. Así es como para el médico mantenerse actualizado hoy en día obedece solo a quijotescas convicciones personales y por qué no decirlo, a las limitadas posibilidades de tiempo que nos deja nuestra apretada agenda laboral. Sin embargo, sería injusto juzgar a un colega por no considerar prioritario el espíritu académico dentro de el escenario de la práctica médica actual donde a diario conjuga el verbo sobrevivir.


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ISSN Impreso       0034-7434 

ISSN Electrónico   2463-0225

https://doi.org/10.18597/issn.0034-7434