Atención Obstétrica

  • Carlos Alberto Gómez Fajardo

Resumen

Los "países desarrollados" han hecho de la opulencia, y del bienestar de sus ciudadanos un propósito colectivo. Lo han logrado. Basta con tener que invertir unas cuantas horas de espera en una sala de un gran aeropuerto en un país del "primer mundo" para verificarlo. Mientras se da cómodamente un vistazo -la comodidad es otro imperativo categórico en la ocasión a la cual se hace referencia a una revista de variedades, o lo que es casi lo mismo, a la publicidad de una gran cadena de supermercados, tiene el viajero la oportunidad de empaparse un poco del sabor de esta "sociedad del exceso". Existe, sin embargo, una extraordinaria crisis de la persona en medio de ese culto a la opulencia. A pesar de la riqueza, de la abundancia de bienes materiales y de la casi ilimitada posibilidad de poseer objetos de enormes variedades y aplicaciones, las paradojas se hacen evidentes. Hay una grave crisis de la persona en medio de los lujos y de la abrumadora disponibilidad de recursos humanos, materiales y técnicos. De esta paradójica "crisis de la persona" dan fe los abusos brutales y sistemáticos que se dan en los mismos países "civilizados": baste mencionar la pena de muerte, la eutanasia y el aborto como medios "lícitos" y de aceptación masiva en el diario vivir de dichas sociedades. Es la realidad de la supresión de la propia vida de los seres humanos mientras que al mismo tiempo se proclama y promociona una especie de paraíso de las "libertades" de los mismos. Las grandes contradicciones van apareciendo sin necesidad de mirar las cosas con suspicacia. Se expande de modo casi "histérico" un "culto a la libertad" mientras se niega el derecho a la vida del ser humano, base y fundamento de todo otro derecho.
Publicado
2000-12-29
Sección
Cartas al Editor